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Cómo hacer que una habitación oscura se vea luminosa

Foto: Dima Solomin en Pexels

Una habitación oscura afecta al ánimo más de lo que la gente reconoce, y casi siempre se da por perdida: "es que da al norte", "es que la ventana es pequeña".

En realidad, gran parte de la oscuridad de una habitación no viene de cuánta luz entra, sino de cuánta se pierde una vez dentro. Y eso sí se puede cambiar.

Primero, deja entrar lo que hay

Antes de comprar nada:

Limpia los cristales. Suena básico y la diferencia es notable, sobre todo si hace tiempo. Por dentro y por fuera.

Quita lo que hay delante de la ventana. Muebles altos, plantas grandes, objetos en el alféizar. Cada cosa que tapa el vidrio roba luz a toda la habitación.

Cambia las cortinas. Las gruesas y oscuras son el mayor ladrón de luz que existe. Usa tejidos ligeros y claros, y cuélgalas más altas y más anchas que la ventana: así, al abrirlas quedan sobre la pared y no sobre el cristal.

Poda lo que haya fuera, si es una planta tuya.

Y sube las persianas del todo. Muchas casas viven con las persianas a medias por costumbre.

El color

Blanco o tonos muy claros en las paredes, y sobre todo en el techo. El techo es la superficie que más rebota luz hacia abajo y casi nadie piensa en él.

Acabados satinados o mate suave en lugar de mate absoluto: reflejan algo más de luz.

Muebles claros. Un mueble grande y oscuro absorbe una cantidad enorme de luz. Si no puedes cambiarlo, colócalo lejos de la ventana.

Suelos y alfombras claras también suman.

Y si quieres color, ponlo en cojines, cuadros y objetos, no en las paredes ni en los muebles grandes.

Los espejos

Es el truco más eficaz y el más mal usado.

Coloca un espejo grande frente a la ventana o en diagonal a ella. Duplica visualmente la entrada de luz y de paso hace la habitación más profunda.

Cuanto más grande, mejor. Un espejo grande hace más que cinco pequeños.

No lo pongas frente a una pared vacía, porque solo reflejará la pared.

Y añade otras superficies reflectantes: cristal, metal, cerámica brillante, un mueble lacado. Reparten la luz por la habitación.

La luz artificial

Aquí está el error más extendido: una sola lámpara en el centro del techo. Crea una zona iluminada, sombras duras en las esquinas y sensación de cueva.

Usa tres o cuatro fuentes de luz repartidas a distintas alturas: una lámpara de pie en una esquina, una de mesa, algo indirecto. La habitación se percibe mucho más luminosa con la misma potencia total.

Ilumina las esquinas. Son las que crean la sensación de oscuridad. Una lámpara de pie en la esquina más oscura cambia la habitación entera.

Apunta luz a las paredes y al techo. La luz que rebota ilumina de forma uniforme; la que apunta al suelo, no.

Elige la temperatura de color adecuada: entre 2.700 y 3.000 kelvin da una luz cálida y acogedora para salones y dormitorios; entre 4.000 y 5.000 es más neutra y va mejor en cocinas y zonas de trabajo. Está indicado en la caja de la bombilla.

Y mira los lúmenes, no los vatios. Los lúmenes son la luz que da; los vatios, lo que consume. Con tecnología LED, la relación cambió por completo.

Limpia las lámparas y las pantallas. El polvo acumulado reduce bastante la luz que sale.

La distribución

Deja libre la zona de la ventana. Es la más luminosa y suele estar ocupada por un mueble.

Muebles bajos. Los altos bloquean la luz y encierran la habitación. Si necesitas almacenamiento, mejor ancho y bajo que estrecho y alto.

Menos cosas. Una habitación despejada se percibe más luminosa, simplemente porque hay menos objetos absorbiendo luz y menos sombras.

Y muebles con patas, que dejan ver el suelo por debajo y aligeran mucho el conjunto.

Detalles que suman

Puertas claras, y si es posible con cristal, para que la luz pase entre habitaciones.

Un cuadro grande y claro en la pared frente a la ventana rebota luz.

Textiles claros: sábanas, mantas, cojines.

Plantas. No dan luz, pero aportan sensación de vida a un espacio oscuro. Si hay poca luz, elige especies que la toleren.

Y si la habitación da a un patio interior, pintar el patio de blanco —cuando es posible— cambia mucho lo que entra.

Lo esencial

  • Limpia los cristales y despeja lo que haya delante.
  • Cortinas ligeras y claras, colgadas más altas y anchas que la ventana.
  • Blanco en las paredes y sobre todo en el techo.
  • Un espejo grande frente a la ventana o en diagonal: el truco más eficaz.
  • Nunca una sola lámpara central. Tres o cuatro fuentes repartidas.
  • Ilumina las esquinas y apunta luz al techo y a las paredes.
  • Mira los lúmenes, no los vatios, y elige la temperatura de color.
  • Muebles bajos, claros y con patas, y la zona de la ventana libre.
  • Menos objetos: cada uno absorbe luz y crea sombra.

Con un espejo bien colocado y dos lámparas repartidas en las esquinas, una habitación oscura cambia por completo en una tarde.