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Cómo limpiar el horno sin frotar durante horas

Foto: Max Vakhtbovych en Pexels

Limpiar el horno tiene fama de tarea horrible porque casi todo el mundo lo hace mal: rociar un producto agresivo y frotar durante una hora con la cabeza dentro.

Hay una forma mucho mejor, y consiste en dejar que el trabajo se haga solo durante la noche. Al día siguiente, la grasa se desprende con un paño.

El método del bicarbonato

Es barato, no huele mal y funciona mejor que la mayoría de los productos específicos.

Necesitas: bicarbonato de sodio, agua, vinagre blanco, un paño o esponja y un rascador de plástico o una espátula de silicona.

1. Vacía el horno. Saca rejillas, bandejas y todo lo que haya dentro.

2. Prepara la pasta. Mezcla media taza de bicarbonato con unas tres cucharadas de agua, hasta conseguir una pasta espesa que se pueda untar.

3. Úntala por todo el interior, con guantes o una brocha: paredes, techo, suelo y la parte interior de la puerta. Evita las resistencias —los serpentines metálicos que calientan— y el hueco del ventilador.

Insiste especialmente en las zonas más oscuras y pegadas.

4. Déjala actuar toda la noche. Doce horas. Aquí es donde ocurre el trabajo: el bicarbonato va reblandeciendo la grasa carbonizada mientras tú no haces nada.

5. Al día siguiente, retira la pasta seca con una espátula de plástico y un paño húmedo. Verás que la suciedad sale con ella.

6. Rocía vinagre blanco sobre los restos de bicarbonato. Hará espuma —es la reacción entre los dos— y eso ayuda a levantar lo que quede.

7. Pasa un paño húmedo varias veces hasta que no queden restos ni sabor.

8. Y enciende el horno vacío a temperatura media unos diez minutos para secarlo del todo.

Las rejillas y bandejas

Se limpian en paralelo, mientras el horno hace lo suyo.

En la bañera o en el fregadero: llénalo de agua muy caliente, añade detergente y una taza de bicarbonato, y sumérgelas toda la noche.

Protege la superficie con una toalla vieja debajo para no rayar la bañera.

Al día siguiente, la mayor parte de la grasa sale con una esponja. Para lo que resista, un estropajo o un cepillo.

Alternativa sin bañera: mete cada rejilla en una bolsa grande y resistente con agua caliente y detergente, ciérrala y déjala en la ducha.

El cristal de la puerta por dentro

Es lo que peor se ve y lo que más gente da por imposible.

Para el cristal interior visible: una pasta de bicarbonato y agua, extendida, media hora de espera y a limpiar.

Para la suciedad entre los dos cristales, que es el caso frustrante: en muchos hornos la puerta se puede desmontar. Suele haber unos enganches en las bisagras que se liberan con la puerta a medio abrir. Busca el manual de tu modelo antes de forzar nada.

Truco intermedio: con la puerta abierta, mira el borde inferior. Muchos hornos tienen una ranura por la que se puede pasar un paño fino atado a una regla o a una percha estirada.

Si tu horno tiene función de limpieza

Pirolítico. Calienta a temperatura muy alta y convierte la suciedad en ceniza, que luego se recoge con un paño. Es muy cómodo. Ten en cuenta que consume bastante energía, que hay que sacar todas las rejillas —salvo que el fabricante diga lo contrario—, y que hay que ventilar bien la cocina porque genera humo y olor.

Hidrolítico o de vapor. Se pone agua en la base y un programa a baja temperatura genera vapor que reblandece la suciedad. Menos potente, pero suficiente para suciedad ligera y mucho más barato de usar.

Lo que no hay que hacer

No uses estropajos metálicos ni cuchillos en el esmalte ni en el cristal. Los arañazos son permanentes y hacen que la suciedad se agarre más la próxima vez.

No mojes las resistencias ni el ventilador.

No mezcles productos de limpieza. Especialmente nada con lejía junto a nada con amoníaco o ácidos.

No uses productos de horno con el horno caliente, y ventila siempre mientras trabajas.

Y no dejes restos de producto sin enjuagar: se queman y dan sabor a la comida.

Para no tener que hacerlo casi nunca

Limpia los derrames en cuanto se enfríe el horno. En fresco sale con un paño; carbonizado, necesita una noche de bicarbonato.

Usa una bandeja debajo de lo que pueda gotear.

Cubre lo que salpica, con papel de aluminio o una tapa.

No pongas papel de aluminio en la base del horno: puede dañar el esmalte y alterar la distribución del calor. Ponlo en una bandeja, no en el suelo del horno.

Y da un repaso rápido cada mes, aunque parezca limpio. Cinco minutos evitan la limpieza grande.

Lo esencial

  • Pasta de bicarbonato y agua, toda la noche. El trabajo se hace solo.
  • Evita las resistencias y el ventilador al untar.
  • Vinagre al día siguiente para arrastrar los restos.
  • Rejillas en remojo con agua caliente y bicarbonato en paralelo.
  • La puerta suele desmontarse para limpiar entre los cristales.
  • Nunca estropajos metálicos sobre el esmalte o el cristal.
  • Ventila y no mezcles nunca productos.
  • Limpia los derrames en cuanto se enfríe: es lo que evita la limpieza grande.

Untar la pasta lleva diez minutos y se hace de noche. La diferencia con frotar una hora es simplemente haber esperado.