Un acceso ajeno rara vez se anuncia. Quien entra en una cuenta no la usa para hacer ruido: la usa para leer, para reenviar, o para esperar el momento de pedir dinero a tus contactos.
Por eso conviene saber dónde mirar, y hacerlo antes de que haya un problema.
Señales de que algo pasó
Avisos de inicio de sesión desde lugares o dispositivos que no reconoces. No los ignores por rutina: es la señal más directa.
Correos de «restablece tu contraseña» que no pediste. Alguien está intentando entrar.
Mensajes enviados que no escribiste, o conversaciones marcadas como leídas sin que las abrieras.
Contactos que te avisan de que reciben cosas raras de tu parte. En muchos casos es así como la gente se entera.
Cambios que no hiciste: foto de perfil, nombre, teléfono de recuperación, correo alternativo, reglas de reenvío automático.
Sesiones abiertas en dispositivos que no son tuyos.
Te expulsa de la sesión de repente y sin motivo.
Dónde comprobarlo
Casi todos los servicios grandes tienen dos pantallas que casi nadie visita.
«Dispositivos» o «Sesiones activas». Muestra desde dónde está abierta tu cuenta ahora mismo, con ubicación aproximada y tipo de dispositivo. Desde ahí puedes cerrar sesiones sueltas o todas a la vez.
«Actividad reciente» o «Actividad de seguridad». El historial de accesos, con fecha, lugar y aplicación.
Búscalas en los ajustes de tu correo, tus redes y tu banca. La ubicación puede salir imprecisa —a veces marca la ciudad del proveedor de internet, no la tuya—, así que fíjate más en dispositivos y fechas raras que en la ciudad exacta.
Y revisa las aplicaciones conectadas. Servicios a los que diste acceso con «iniciar sesión con…». Ahí se acumulan permisos de cosas que probaste una vez. Quita todo lo que no uses.
El correo es la llave maestra
Este punto merece atención aparte.
Quien controla tu correo controla todo lo demás, porque desde ahí se restablecen las contraseñas del resto de servicios. Si sospechas de cualquier cuenta, revisa el correo primero.
Y busca algo concreto: reglas de reenvío automático. Es la maniobra más común y la más silenciosa. Se configura una regla que reenvía copia de todo a otra dirección, y la víctima no nota nada durante meses. Está en los ajustes de filtros o reglas del correo. Comprueba que no haya ninguna que no pusieras tú.
Qué hacer, en orden
Si confirmas un acceso, el orden importa.
1. Cambia la contraseña del correo primero. Si empiezas por otra cuenta, quien tiene tu correo puede restablecerla otra vez.
2. Cierra todas las sesiones desde la pantalla de dispositivos. Eso expulsa también a quien esté dentro.
3. Activa la verificación en dos pasos. Es lo que impide volver a entrar aunque tengan tu contraseña. Si tienes que quedarte con una sola medida de este artículo, es esta.
4. Revisa el correo de recuperación y el teléfono asociado. Si los cambiaron, tu cuenta puede recuperarse desde una dirección ajena. Corrígelo.
5. Borra las reglas de reenvío que no reconozcas.
6. Revisa las aplicaciones conectadas y quita las desconocidas.
7. Cambia las contraseñas de las demás cuentas, empezando por las que usan ese correo y las que compartan contraseña.
8. Avisa a tus contactos si se enviaron mensajes desde tu cuenta. Evita que alguien caiga en una petición de dinero a tu nombre.
9. Si hay dinero de por medio, llama al banco de inmediato.
Cómo evitar que vuelva a pasar
Verificación en dos pasos en todo lo importante. Correo, banca, redes. Es la medida que más protege y la que menos gente activa.
Una contraseña distinta por servicio. El problema de repetirla es que una filtración en un sitio cualquiera abre todos los demás. Un gestor de contraseñas resuelve esto sin tener que recordar nada.
Comprueba si tu correo apareció en alguna filtración. Existen servicios gratuitos que lo dicen; si tu dirección salió en una, cambia esa contraseña donde la hayas reutilizado.
Revisa las sesiones activas cada cierto tiempo. Dos minutos, un par de veces al año.
Desconfía de los correos que meten prisa. «Tu cuenta será cerrada en 24 horas» es la puerta de entrada más común. Nunca entres desde el enlace de un correo: escribe tú la dirección del servicio.
Lo esencial
- Busca sesiones activas y actividad reciente. Están en los ajustes de casi todos los servicios.
- Fíjate en dispositivos y fechas, no en la ciudad, que suele ser imprecisa.
- Revisa el correo primero: es la llave del resto.
- Busca reglas de reenvío automático. Es la maniobra más silenciosa.
- Si confirmas el acceso: contraseña del correo, cerrar sesiones, dos pasos. En ese orden.
- Comprueba el correo y el teléfono de recuperación, por si los cambiaron.
- Activa la verificación en dos pasos aunque no haya pasado nada.
- Una contraseña distinta por sitio, con un gestor.
La mayoría de accesos ajenos no se descubren por una alarma, sino porque alguien miró donde nadie mira.